diumenge, 6 de setembre de 2015

Por qué no es necesario que tu hijo aprenda a leer o escribir antes de los 6 años




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Es verdad, cuando un niño empieza el segundo ciclo de Educación Infantil, lo más común es que para todos los de su alrededor (padres, otros familiares, amigos, e incluso maestros) empiece una cuenta atrás hasta que el niño sabe leer. Una cuenta atrás que, como cualquier cuenta atrás que se precie, esperan sea corta, por supuesto. Probablemente tenga que ver con que vivimos acelerados y se acaba imponiendo la cultura de la velocidad: hoy todo es instantáneo, evitamos a toda costa las esperas, en cuanto un ordenador empieza a ir lento lo cambiamos y antes de que el semáforo se ponga en verde ya estamos acelerando. Pero no nos planteamos siquiera si realmente tenemos prisa.

¿La tenemos?

¿A qué edad debe aprender a leer o escribir un niño? ¿lo antes posible? La respuesta es bien sencilla: un “NO” rotundo y enorme con luces parpadeantes.

Es evidente que funcionalmente no lo necesitan. Leer libros se los podemos (y debemos) leer (o contar, que no es lo mismo) los padres y maestros, y para jugar y aprender no les hace ninguna falta. ¿Qué más tiene que hacer un niño de infantil? No necesitan saber leer ni escribir para comer, dormir ni divertirse. Entonces, ¿para qué tanta prisa? A lo mejor es que tienen ventaja sobre aquellos que empiezan a leer más tarde… pues no existe ninguna investigación que demuestre que los niños que leen a los cinco años tengan mejores resultados a largo plazo que aquellos que aprendieron a los seis o siete, y seguro que no es por falta de estudios.

Cada niño tiene su ritmo de desarrollo, y efectivamente, habrán algunos que tengan mucha curiosidad y facilidad desde muy temprano, pero no nos engañemos, no es lo habitual. Estamos tratando de acelerar un proceso que necesita su tiempo. Hay cosas que, simplemente, han de cocerse a fuego lento para que el resultado sea el esperado, el mejor de los posibles. Estamos tratando de realizar la mejor tarta del mundo en el microondas, porque sube antes. Sí, sube antes, pero ¿a costa de qué? Enseñarles a leer mientras no lo necesitan, no les interesa y no es su momento, significa presionarles. Y la presión, evidentemente, desmotiva, y lo que no motiva es muy difícil que se aprenda significativamente.

Con demasiada frecuencia, el tiempo no respeta el ritmo natural de la infancia y la adolescencia, y fuerza una educación precoz y una adultez prematura de efectos nocivos y perversos. Demasiados estímulos, presiones y prisas.

Jaume Carbonell (pedagogo, periodista y sociólogo, director de la revista “Cuadernos de pedagogía” y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de Vic) en su libro”Una educación para mañana”.

Y es que, de hecho, no sólo estamos presionando para acelerar un proceso, sino que además estamos utilizando un tiempo precioso (y en abundancia, porque se consumen muchas horas en esta labor de la lectoescritura) para enseñar destrezas para las que todavía no están maduros, cuando existen otros muchos aprendizajes para los que sí lo están y que sin embargo se ven relegados a un segundo o incluso tercer plano como son valores, autonomía, autoconocimiento o el razonamiento lógico.

A la hora de plantearnos a qué edad debe aprender a leer o escribir un niño tengamos claro que está comprobado que en los niños que escriben desde temprano, la lectoescritura ha dejado de lado la creatividad y la curiosidad. Y no nos damos cuenta de la envergadura del problema: nada menos quela creatividad y la curiosidad. No sé vosotros, pero yo prefiero que mis alumnos sean creativos y curiosos que tener alumnos que saben descodificar un mensaje con un código totalmente aleatorio, sobre todo porque tratar de acelerar el proceso genera etiquetas tempranas (de “lento”, “vago”… y estas son las mejores que encontraremos) que arrastrarán más tiempo del que somos conscientes, y además probablemente de manera totalmente injusta, porque si vamos a etiquetar (que no deberíamos), al menos que sea en el momento evolutivo correcto. ¿Por qué me tienen que llamar vago si yo tengo muchas ganas de trabajar, pero precisamente esa actividad no me interesa porque todavía no la necesito? Y no creáis que eso se quedará en la cabeza de quien trata de enseñarme a leer, sino que, de alguna forma, llegará al conocimiento de mi familia, de la siguiente profe… perpetuándose hasta quién sabe cuándo.

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Y podría sacar el “argumento Finlandia”, pero no lo haré porque sería medir con herramientas tan poco adecuadas e injustas como PISA. Pero es que no hace falta, porque en otros países como Alemania también esperan hasta los 7 para empezar con la lectoescritura, y lo mismo pasa con algunas pedagogías alternativas minoritarias, ésas que a todos entusiasman pero que, a la hora de la verdad, que mi hijo vaya empezando a leer y escribir, que si no quedará muy feo en su CV…

Tengamos presente un dato objetivo que suele darse erróneamente por supuesto y es que la legislación no nos obliga a que los niños salgan leyendo de la etapa de Educación Infantil. La LOE(porque la LOMCE no ha modificado la etapa que nos ocupa) habla, tanto en su artículo 13 sobre objetivos como en su artículo 14 sobre ordenación y principios pedagógicos, de una aproximación a la lectoescritura en Educación Infantil. “Aproximación” no puede querer decir haber alcanzado la destreza por completo, como les exigimos a los niños con 5 años. Para mí, aproximar significa mostrarla de la manera más atractiva posible y, como hacen en las campañas de marketing, crear una necesidad para que sobre la motivación y se vaya cocinando poco a poco, al ritmo de cada uno y sin ningún tipo de exigencia o etiquetaje temprano. Así que está claro que no soy tan rebelde, porque ¡tengo a la legislación vigente de mi parte!

Esto no quiere decir que no podamos llevar las letras a las clases de Educación Infantil, ¡todo lo contrario! Las letras y los números tienen que estar presentes en nuestras aulas, lo que tenemos que cuidar es el modo. Como digo, hemos de procurar mostrar la lectura y la escritura de la manera más atractiva posible: tener muchos libros (atractivos y en un lugar adecuado, como os cuento aquí), leerlos a menudo, realizar cuentacuentos, actividades divertidas y manipulativas con las letras (como las que os sugiero aquí y aquí) y un largo etcétera; pero también crear la necesidad de leer y escribir, mediante la correspondencia, los mensajes misteriosos, carteles por todas partes… pero desde luego, lo que no hace que la lectura y la escritura sea más atractiva a los niños es copiar palabras que carecen de sentido para ellos. La mayoría de los pequeños hace muchas fichas en el colegio donde podemos comprobar que saben escribir palabras completas. Pura fachada: la mayoría de veces son palabras copiadas de la pizarra, que, insisto, porque es lo más importante, carecen de sentido para ellos, más allá de ser varios simbolitos que les obligan a escribir juntos, y que no pueden hacer de otra forma porque estará mal, aunque no entiendan por qué. Así se aprende a leer y escribir a los 4 años. ¿Dónde queda el respeto por la escritura espontánea que se enseña en la universidad? ¿Y el aprendizaje significativo? ¿Y las experiencias o descubrimientos? Yo no los encuentro.

Entonces, ¿por qué se hace así?

Pues he tenido conversaciones serias sobre a qué edad debe aprender a leer o escribir un niño con personas pertenecientes a diferentes ámbitos, y lo que detecto es que nos echamos la culpa los unos a los otros. Probablemente porque, en mayor o menor medida, y aunque nos cueste reconocerlo, todos somos algo responsables de esta situación.

Por una parte, los propios maestros de Educación Infantil le damos mucha importancia a la lectoescritura y a la numeración, muy por encima de otras destrezas básicas que siempre reivindicamos pero que luego no solemos poner en práctica. Nos podemos escudar en lo que queramos, pero la última palabra la tenemos nosotros, y deberíamos utilizarla en beneficio de los niños.

En segundo lugar, tenemos a las editoriales, que también le dan muchísima importancia a que los niños sepan leer y escribir al acabar la etapa, y para los maestros es mucho más cómodo utilizar una editorial que trabajar según su propio criterio, que da mucho más trabajo. Pero quizás también podríamos presionar un poco en este sentido.

Además, los maestros de primaria, consideran que no es su trabajo enseñar a leer y a escribir, quieren que les lleguen lectores, algo que, por cierto, no cuadra con el hecho de que la Educación Infantil, hasta ahora, no tiene carácter obligatorio. Pero, ¿es mejor que les lleguen malos lectores o que creen buenos lectores?

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También es verdad que la propia etapa de primaria está diseñada para lectores desde su mismo inicio. Los libros son para lectores, las destrezas que se espera que los niños adquieran requieren que los niños sepan leer desde el inicio… todo esto es la misma cultura de la velocidad, que ha llegado a la administración y a la escuela, y sigue sin casar con que la etapa de Infantil no sea obligatoria.

Y por último, las familias, en general, también presionáis en este sentido. Tendéis a comparar colegios según si sus alumnos aprenden o no a leer y escribir, y establecéis como positivo el hecho de aprenderlo, y además cuanto antes mejor. De hecho los maestros muchas veces nos escudamos en que las familias “lo pedís”. Y que conste que lo entiendo, yo también lo veía desde ese punto de vista hasta que empecé a interesarme realmente por el tema, y ahora tengo una visión totalmente distinta.

Así que es evidente que todos los ámbitos que participan de la educación de los niños tienen, como decía, algo de responsabilidad en la forma en la que se enseña a leer y a escribir en la mayoría de las escuelas españolas, y por tanto en la prisa que les metemos a los niños para que adquieran rapidito la habilidad de la lectoescritura. Pero de nada sirve culparnos. Si todos tenemos algo de responsabilidad, es que todos tenemos que formar también parte de la solución. Así que hagamos un ejercicio de autoevaluación, y tratemos de discernir si nuestros actos, nuestras decisiones y nuestras críticas al trabajo de los demás son, no sólo adecuadas, sino las más beneficiosas para los que deben ser los protagonistas en cuestiones de educación: los niños.


Carta a los maestros, los deberes del nuevo curso



Eva Bailén

Ya volvemos al colegio y es el momento ideal para intentar poner en marcha otras formas de hacer las cosas para que todo funcione de mejor manera. En educación, un buen propósito, EL PROPÓSITO, así con mayúsculas, debería ser innovar. Innovar en el aula, innovar en los contenidos, en la manera de evaluar y también innovar con los deberes. ¿Te has planteado alguna vez si los deberes que mandas son adecuados para el aprendizaje? Entre las actividades que pides hacer, ¿se encuentran éstas?
  • Cuando se trata de realizar ejercicios del libro, pides copiar enunciados en el cuaderno
  • Tus alumnos tienen que memorizar listas (de verbos, de capitales, de provincias…)
  • Siempre hay que acabar todo para el día siguiente
  • Pides hacer cuentas de manera rutinaria
  • No concibes no completar todas las actividades del libro
  • Mandas los mismos deberes para todos los alumnos
  • Pides la lectura de libros impuestos, no elegidos por los alumnos
¿Te has parado a reflexionar sobre los beneficios (o perjuicios) que pueden tener cada uno de esos puntos?
En primaria, debería darse una gran importancia a la lectura y la compresión lectora y los deberes tendrían que estar particularizados a las necesidades de cada niño. Si un niño domina un concepto, no necesita seguir trabajándolo repetitivamente, y si hay otro aspecto de la materia que no domina, entonces se debería hacer más hincapié en ese concepto en particular. Mandar deberes iguales a todos los niños de la clase no parece la mejor manera de motivar a tus alumnos. Tampoco imponer los libros de lectura, ni repetir las mismas cuentas o fichas cada semana.
Por otro lado, los libros de texto pueden marcar demasiado el ritmo de trabajo dentro y fuera del aula, en muchas ocasiones se mandan deberes porque están en el libro y hay que acabarlos todos, de otro modo parece que se está haciendo algo malo, que no se está acabando el trabajo, y que los niños no van a ser lo suficientemente competitivos y se van a quedar atrás. La comunidad educativa al completo, maestros, padres, madres y alumnos tendrían que empezar a considerar los libros de texto más como una herramienta complementaria que como la única fuente de información del curso. Que el libro de texto no te tiranice.
La limitación del tiempo en clase provoca con frecuencia que los niños lleven más deberes para casa, con lo que las familias acusan, como nos decía Yolanda Egea, que sus hogares se están convirtiendo en una segunda escuela. Muchos niños pasan 7 horas o más en la escuela, ¿no crees que se merecen llegar a casa y poder hacer algo diferente?
La cultura del esfuerzo está muy arraigada en la comunidad educativa, quizá más todavía en las familias y los padres envían a sus hijos a hacer los deberes a su habitación, por su bien, privándoles de tiempo para otras actividades muy necesarias. ¿No deberíamos pensar qué tipo de esfuerzo queremos que hagan nuestros niños? ¿Está realmente justificado y correctamente encauzado? A veces da la sensación de que están “picando piedra” y no obtienen resultados muy satisfactorios.

Algunos datos

Muchas personas dentro de la comunidad educativa viven con la creencia de que los deberes deben ser tal y como hemos descrito antes, pero está demostrado que en nuestro país algo no funciona, se hacen muchos deberes, pero no dan buenos resultados.
 Según Enric Roca, profesor de Educación en la Universidad Autónoma de Barcelona: España es uno de los países donde más deberes se mandan y donde hay más horas lectivas.
 De acuerdo con el informe PISA, titulado “Does Homework Perpetuate Inequities in Education?” los estudiantes españoles de 15 años dedican a la semana 2,5 horas más a los deberes que la media de la OCDE.
 De hecho, a partir de cuatro horas de deberes a la semana, el efecto de estos sobre el rendimiento escolar es nulo, afirma Rafael Feito, catedrático de sociología en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, basándose en el citado informe.
Fuente: www.politica.elpais.com
Fuente: www.politica.elpais.com
Según el Boletín 22, página 4 del INEE,  España se encuentra por debajo de la OCDE en cuanto a la ratio alumno-profesor, y sin embargo por encima de la media de la OCDE en cuanto a horas lectivas y tiempo dedicado a los deberes de casa.
Fuente: http://www.mecd.gob.es/dctm/inee/internacional/pisa2012/boletin22pisa2012.pdf?documentId=0901e72b8178aae2
Fuente: http://www.mecd.gob.es/dctm/inee/internacional/pisa2012/boletin22pisa2012.pdf?documentId=0901e72b8178aae2
Luis Miguel Lázaro, catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Valencia opina que no es perjudicial algún tipo de actividad, pero se ha de establecer un tiempo razonable. Un máximo de 40 minutos diarios al final de primaria, y cerca de una hora en secundaria le parece suficiente. Para ello, considera que es básico que los profesores se coordinen, no puede ser que cada uno mande deberes como si la suya fuera la única asignatura.
 La afirmación de Lázaro respecto a la coordinación de los docentes, se ve avalada por los datos que el INEE nos muestra en esta presentación, según la cual, existe un alto porcentaje de profesores que nunca han llevado a cabo ciertas actividades de cooperación con otros colegas.
Fuente: http://www.slideshare.net/INEE_MECD/presentacion-ivie-9-diciembre
Fuente: http://www.slideshare.net/INEE_MECD/presentacion-ivie-9-diciembre
En España el debate sobre los deberes está presente en los medios de comunicación, en internet y en el seno de las familias con niños en edad escolar. Las más de 115.000 firmas recogidas en www.change.org/losdeberesjustos y el impacto que esta petición ha tenido en los medios, como por ejemplo en el periódico El País, hacen patente la necesidad de una solución a un problema que se extiende por toda la geografía española.
Y a pesar de todo esto España sigue a la cola de resultados en el informe PISA y a la cabeza de abandono escolar. ¿Te parece esto suficiente para hacer un cambio? ¿Qué podrías hacer para mejorar? ¿Qué cambios podrías introducir?
  • No te sientas presionado a acabar todos los deberes y todo el temario que aparece en el libro, de hecho no te sientas presionado siquiera a seguir un libro de texto. Las personas deben ser las protagonistas de la clase: el maestro y los alumnos, no una guía impresa.
  • Particulariza los deberes, no mandes a todos los niños las mismas tareas. Si ya ha adquirido una competencia, ese niño no necesita repetir lo mismo en casa.
  • Estima el tiempo que tardará el niño más lento de la clase en hacer los deberes que mandas y no los sobrecargues de tareas.
  • Coordínate con tus compañeros de tutoría para no coincidir en fechas de exámenes, para no poner muchas actividades el mismo día ¿y si llegáis a un acuerdo y cada día manda deberes solo uno de vosotros?
  • O aún mejor ¿por qué no mandáis los deberes solo una vez a la semana? Si dais una semana para hacerlos, los niños se tendrán que responsabilizar y organizar su trabajo. Pero recuerda, estima siempre los tiempos.
  • No hagas de los deberes un motivo de castigo, quítales hierro, que no sean una razón para bajar la nota de una evaluación o castigar a un niño sin recreo.
  • Plantea actividades diferentes, divertidas, alocadas, prácticas, que enganchen a los alumnos, que les apasione hacerlas, que no puedan vivir sin resolverlas, que incentiven la creatividad. Proyectos, trabajos sobre un tema apasionante… que no te limite pensar que te falta imaginación: los niños tienen de sobra y hay muchísimo material inspirador en internet.
  • ¿Has contado cuántos exámenes llega a hacer un alumno de primaria? Si hacen un examen al final de cada tema, y eso se hace en cada asignatura, puede haber 50 exámenes en un curso. ¿No crees que es abusar?
  • Plantéate otras maneras de evaluar, tú conoces a tus alumnos, sabrás cómo evaluar sin necesidad de hacer un examen al final de cada tema.
  • Relájate, déjales tiempo para jugar por las tardes, para pasar tiempo con su familia, que no tengan que hacer horas extra desde los 6 años de edad.
No dudes en formarte en diferentes metodologías y técnicas educativas, aprende cómo realizar la evaluación como un proceso, es decir, formativa, una evaluación en la que haya muchos más instrumentos que el simple examen escrito, en la que los alumnos participen activamente, creando, elaborando, construyendo. También puedes instar a tus alumnos a autoevaluarse.
Podrías comenzar a introducir pequeños cambios progresivos, es importante hacer compatible el trabajo individual con el cooperativo, instaura técnicas de aprendizaje cooperativo (AC) y pide a tus alumnos realizar exposiciones orales. En la innovación educativa tienen cabida muchas metodologías, desde el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), pasando por flipped classroom o clase invertida, hasta role playing o dramatización de funciones, pero todas con un denominador común, comenzar desde la evaluación, y que el docente encarne la figura de guía y facilitador del proceso de aprendizaje.
Confía en ti, en tu talento, en tus capacidades, en tu experiencia, en el trabajo hecho en el aula, no dudes que en que las horas lectivas dan para mucho, no cuentes con que se necesitan más horas fuera del aula para que el aprendizaje sea efectivo. No delegues en los alumnos y en los padres un trabajo extra en forma de deberes.
El cambio educativo lo hacemos entre todos, no esperemos a que nos lo imponga una ley, no puede salir de un despacho del Ministerio, como nos decía José Antonio Marina, el cambio está en las manos de toda la comunidad educativa. Los deberes también necesitan de ese cambio, la innovación educativa empieza en el aula y llega a los hogares traducida en menos y mejores deberes, tú puedes conseguir más calidad educativa y más calidad de vida para tus alumnos. Innova.

“Los libros de texto no son una guía de vida”


César Bona (Ainzón, Zaragoza, 1972) llega a nuestra cita con la moto del casco bajo el brazo. Es consciente de que atrapa la atención de los que le escuchan, sonríe todo el tiempo y contagia optimismo. No da importancia a que su protectora de animales tenga alcance internacional o al premio del Ministerio de Educación por su corto de cine mudo; lo que le enorgullece es que los niños de esos proyectos están luchando contra el maltrato animal y han conseguido que sus familias dejen de estar enfrentadas.
Aunque a veces se toma unos segundos para pensar sus respuestas, habla muy deprisa, saltando de un argumento a otro y recordando algo que añadir a lo apuntado antes. Da la impresión de que las ideas se le agolpan, de que se le ocurren continuamente proyectos para sus alumnos. De hecho, durante la breve sesión de fotos, aprovecha para pedirle un teléfono a alguien que podría participar. Ya está tramando algo.
Mucha gente habrá oído hablar de un zaragozano nominado al "premio Nobel de los profesores", pero quizá no todo el mundo sabe por qué, ¿cómo lo explicarías?
Estoy seguro de que habrá mucha gente que no lo sabrá. Yo no tengo nada de especial, solo me divierto en clase. Para mí, estar en clase diariamente es pasarlo muy bien, me siento afortunado estando con niños. Una profesora que estuvo conmigo haciendo sus prácticas me decía que cuando entraba en clase, me veía a mí y a los niños sonriendo. Ella, desde fuera, veía la magia de cosas que, para mí, son cotidianas en clase.
Sí me gusta educar a los niños para que sean seres comprometidos con el medio, con la sociedad, con lo que les rodea... Que intenten cambiar el mundo. Todos mis proyectos han ido en esa línea y han buscado estimular su esencia, que es la curiosidad y la creatividad.
¿Esto debería ser lo habitual en todas las clases?
Sí. Si yo tuviera una varita mágica, cambiaría algunas asignaturas en la Facultad de Educación. Falta educación emocional. Y también falta fomentar que los futuros maestros tengan madera de líderes frente a la sociedad, que no se limiten a meterse en la burbuja de las matemáticas o el inglés; ese modelo está obsoleto. Si los maestros son líderes y muestran a los niños cuántas cosas pueden hacer, los niños serán líderes también y tendrán un pensamiento crítico. Hay que enseñarles que ellos pueden dar un paso para cambiar las cosas. No son los adultos de dentro de unos años, ahora mismo pueden actuar, pueden contagiar con sus acciones y pueden ser ejemplo para miles de niños y para las personas que tienen alrededor.
Hace tiempo que voces con mucho prestigio como José Antonio Marina o Claudio Naranjo reclaman más interés por la educación emocional. ¿Por qué cuesta tanto introducirla en las aulas?
Supongo que por la inercia de quienes se encargan de diseñar los planes de estudios. O porque hace falta una mentalidad dispuesta a arriesgar un poco más. Parece obvio que somos emociones y, desde luego, no somos más conocimiento que emociones. Cuando cualquiera llega a su casa, lo que quiere es estar a gusto con las personas con las que vive.
Además de la educación emocional, está muy interesado en que los alumnos puedan expresarse en público...
Sí, para mí la expresión oral es muy importante. Sirve no solo para dar charlas delante de 400 personas, también para expresar las emociones, los sentimientos, los pensamientos, las emociones, defender los argumentos... A todos nos ha pasado que en algún momento, no nos hemos atrevido a hablar o a actuar ante una injusticia. No entiendo cómo la expresión oral no se estimula más en las aulas. También es necesaria en la Facultad de Educación.
Frente a esos contenidos que faltan, ¿sobran otros?
Sí. Por ejemplo, sintaxis. A mí me encanta la Lengua española y la sintaxis se me da muy bien. Pero hay que educar para la vida. Si tengo que elegir entre sintaxis o que las personas sepan expresarse, yo me olvido de la sintaxis. Con la mirada puesta solo en la Selectividad, se fijan los contenidos que los alumnos tienen que aprender en Secundaria, en Primaria... Y, entre esas exigencias, nunca aparece que tienen que ser seres empáticos o saber expresarse en público, que es lo que realmente sirve para la vida.
¿Cómo convence a otros profesores reticentes?
Con hechos. Resulta que se sorprenden cuando un niño que antes era tímido está encima de una silla hablando durante dos minutos de Mary Wollstonecraft, de la Revolución Francesa, del respeto a los animales o de la lucha contra el racismo.
¿Los padres también ponen pegas?
Los padres tienen su función, somos un equipo. A veces cuesta convencerles de que el libro de texto no es la guía de la vida. Para mí, seguir la guía del libro de texto es perderse muchas cosas que pasan diariamente fuera y dentro de los niños.
Muchas veces, uno tiene que estar muy convencido de lo que quiere. Cuando hacía lo de "El Cuarto Hocico" (la protectora de animales virtual premiada por Jane Goodall), los padres venían a decirme que los niños tenían que estudiar sintaxis y ortografía. Yo les pedía paciencia y les decía que sus hijos estaban aprendiendo algo que no estaba en los libros, pero que acabarían aprendiendo también las materias. Una chica tenía 19 faltas de ortografía en los dictados y acabó teniendo solo dos porque le interesaba escribir bien para invitar a la gente a la participar en la protectora. El objetivo no es que aprendan ortografía, sino que la usen para algo.
Además, los profesores podemos educar en manada, la clase es una micro-sociedad. Los niños pueden contagiarse entre ellos, comprobar cómo reacciona un compañero si algo le ha dolido. Hay valores fundamentales como el respeto al medio ambiente, a las personas, que son básicos.
¿Y viceversa? ¿Si los profesores tienen que educar en valores, los padres también deberían intentar despertar la curiosidad?
Sin ninguna duda. No se puede generalizar, a veces solo falta información y no hay un libro de instrucciones para ser padre. Esto va unido al problema de los deberes y con la falta de tiempo que tienen los niños. Para mí, los niños necesitan tiempo. Muchos pasan toda la tarde haciendo los deberes y después, a cenar y a dormir, ¿cómo van a ser curiosos? ¿O cómo van a tener ganas de volver al cole? Necesitan tiempo para disfrutar de la infancia.
¿Esto también lo aplicarías a las actividades extraescolares?
Los padres reconocen que es el único momento que tienen para hacer otras cosas. Si la actividad realmente gusta al niño, es fantástico. Pero no sé dónde leí que para poder crear, uno tiene que llegar a aburrirse. La imaginación de los niños es maravillosa. De adultos, nos volvemos más rancios, más serios. Hace poco releí "Los objetos nos llaman", de Juan José Millás, y es maravilloso porque Millás tiene abierto el tubo que le une con el niño que fue. Es una maravilla escuchar a personas con imaginación.

EDUCAR AMB SENTIT DE L'HUMOR, DE CARLES CAPDEVILA